Ulises y las aves reales

 

Terminada la guerra de Troya, Ulises navega hacia su patria, Ítaca. Es una travesía peligrosa, porque el dios Poseidón está dispuesto a ponerles todo tipo de dificultades.

Un día encuentran a lo lejos la famosa isla de las aves, una bonita y majestuosa isla, que a los humanos les provoca una atracción hacia ella que les hace arrodillarse y que sus cuerpos se contraigan involuntariamente. Las aves aprovechando ese momento de debilidad de los marineros, los capturan llevándolos hasta un lugar que aún se desconocía, agarrados con sus enormes y surrealistas patas.

Pero Ulises  pone en práctica una estratagema para poder divisar la isla sin ser capturado. Tapa todos y cada uno de los huecos de los camarotes del barco y para asegurarse tapa también los ojos a sus compañeros con unos gastados trapos. Él no se los tapa y les pide a los marineros que lo cuelguen del mástil más alto para no caer rendido ante la isla.

Cuando pasan casi rozando la isla donde hay montones de hombres y mujeres esclavizados y explotados por las aves, Ulises pide y ruega que le dejen caer, pero no le hacen caso y siguen navegando felices, ya que ahora saben donde acaban esas cientos de personas que han sido capturadas.


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